La ropa bien planchada y sin arrugas siempre ha sido un símbolo de limpieza y ha representado un status de refinamiento por lo menos durante los últimos 2,400 años pero obtener el efecto deseado no era fácil. Había que utilizar presión al planchar y solamente unas pocas planchas tenían algún calor para poder quitar las arrugas y planchar bien los pliegues de la ropa.
Para mediados de 1920s EEUU compraba más de 3 millones de planchas eléctricas para uso personal a un costo average de $6. Cuando en 1926 la primera plancha con vapor salió a la venta en una tienda de departamento en Nueva York a un costo de $10 fue considerada innecesaria a pesar de que decían que su vapor quitaba las arrugas pero como el mismo resultado se obtenía con las otras planchas y se podían ahorrar $4 esta nuevas planchas con vapor no fueron bien aceptadas por los consumidores.
No fue hasta los 1940s que las planchas con vapor fueron bien aceptadas y sucedió cuando los manufactureros de ropas introdujeron al mercado las telas sintéticas que a pesar de estar a prueba de manchas y estar siempre planchadas podían derretirse con el calor de una plancha caliente.
Dentro de la industria casera y para finales de los 1940s ocurrió lo que le llamaron ¨la guerra sagrada¨ donde la primera plancha a vapor tenía 1 hueco, las que aparecieron en los 40s tenían 2, después 4 y luego 8. El número de huecos que tuvieran se convirtió en el factor de mercadeo más efectivo. Westinghouse decidió que si 8 eran buenos 16 serían mejores. Proctor-Silex discretamente las fabricó con 17 y Sunbeam con 36. Los huequitos por su puesto fueron siendo cada vez más y más pequeños. Por un tiempo Westinghouse aparentaba estar utilizando la tecnología máxima de perforación con su plancha de 65 huequitos. Sears quería ganar y fabricó un modelo con 70 huecos pero inesperadamente Presto hizo su debut con la de 80 huequitos. Ahora si que era imposible quemar la ropa con una plancha de vapor ya que la ropa salía de la tabla de planchar húmeda y hasta veces mojadas. Como a las plantas, las ropas estaban siendo cubiertas por vapor y el uso del vapor se convirtió en la nueva forma de mercadeo para estas planchas.
Mientras que estaba en las fuerzas armadas de los Estados Unidos, a Jacob Shick le dieron una máquina de afeitar y cuchillitas Gillette y él no tenia queja alguna. Siempre podía afeitarse bien y de una forma confortable excepto cuando no había agua, o jabón o crema de afeitar o si durante el invierno no podía calentar agua. Una vez se encontraba en una base militar en Alaska recuperándose de un tobillo torcido y todas las mañanas tenía que romper la superficie del hielo para poder meter la maquinita de afeitar y mojarla.
Después de la guerra, Schick se dedicó a inventar lo que él llamó una “máquina de afeitar en seco” operada por un motor eléctrico. Uno de los obstáculos mas grande que encontró fue el motor que era muy grande y muy pesado. Trabajó durante cinco años para perfeccionar su motor y lo patentó en 1923.Pero continuaba encontrándose con obstáculos. Cuando buscaba respaldo financiero todos estaban satisfechos afeitándose con las máquinas y cuchillas Gillette al igual que millones de personas por el mundo y se hacían la pregunta si era necesaria una máquina de afeitar eléctrica. A Shick si le parecía y decidió tomar un préstamo sobre su casa, se metió en deuda y produjo su primera maquina de afeitar con un precio elevado de $25 en 1931 en medio de la Depresión. Ese primer año solamente vendió 3,000. El próximo año obtuvo una pequeña ganancia que reinvirtió en comerciales nacionales cosa que repitió año tras año y en 1937 vendió casi 2 millones de maquinitas eléctricas en EEUU, Canadá e Inglaterra.
La máquina de afeitar eléctrica no sería una necesidad pero si fue una novedad eléctrica del Siglo XX. Remington y Sunbeam le hicieron competencia y en los 40s la Remington introdujo al mercado una máquina de afeitar una con dos cabezas. Schick probó que sí había un mercado para este tipo de máquinas de afeitar.